Bienestar y Autoestima: relación entre ambos conceptos.

La autoestima consiste en el aprecio o consideración que tienen las personas de sí mismas, y en la sexualidad esta puede jugar un papel importante. El sociólogo David Finkelhor, a finales de los años setenta, acuñó por primera vez el concepto de autoestima sexual y -si bien no llegó a definirla- desarrolló una escala para medirla. Tiempo después, los estudiosos William E. Snell y Dennis R. Papini, definieron la autoestima sexual como la estima positiva y la confianza en la capacidad de experimentar la sexualidad de un modo satisfactorio y placentero.

En la salud sexual, la valoración de insatisfactoria que se le otorga a la actividad sexual, bien podría estar relacionada con las altas exigencias que el entorno sociocultural imponen o bien estar determinado por la auto evaluación negativa que la persona realiza de sí misma.


En este mismo sentido, la autoestima es un factor psicológico, así como otros, que puede ir determinando cómo una persona enfrenta la sexualidad. Esto no solo se refiere al encuentro íntimo, sino también en cómo esta persona se relaciona con su propio cuerpo.

Las sensaciones de vergüenza o inseguridad frente al desempeño están directamente relacionadas con la autoestima y por ende con el bienestar sexual

Para muchas personas la autoestima se va construyendo en base a ciertos elementos relacionados con el rendimiento prefijado o estandarizado o bien por estereotipos de belleza impuestos desde temprana edad. No responder a estos cánones podría provocar problemas relacionados con ansiedad de rendimiento, pensamientos intrusivos (pensamientos inútiles, disfuncionales y desagradables) o estrés, inhibiendo en sí la respuesta sexual.


La relación entre autoestima y bienestar sexual es bastante directa. Mientras mayor es la autoestima, la persona se siente capaz de enfrentar su sexualidad con mayor seguridad, permitiendo explorar prácticas íntimas satisfactorias en pareja o en la autoexploración. Una práctica que otorga un mayor conocimiento sobre el propio cuerpo, sus reacciones, sus necesidades, así como la identificación de aquellos puntos de mayor sensibilidad. En definitiva una buena autoestima sexual genera confianza para realizar una búsqueda del placer sin temor a cometer errores incluso favorece el humor en determinados momentos y al mismo tiempo propicia la aceptación de si mismo en lo funcional y en el aspecto físico, aún cuando discrepe de lo valorado socialmente.



Por el contrario hay personas que no han trabajado su autoestima o carecen de ella envolviéndolas en un círculo vicioso al sentir inseguridad y por ende ansiedad, lo que lleva a la constante necesidad de solo complacer al otro. Finalmente termina atentando contra su bienestar sexual.

Poder experimentar la sexualidad de manera satisfactoria no sólo tiene que ver con uno de los integrantes. A menudo y cuando hay ciertas disfunciones como la EP, la autoestima afecta en gran medida el rendimiento del hombre, incluso llevándolo a postergar o evitar las relaciones íntimas. La pareja por su parte también ve afectada las señales de seguridad pudieron interpretarlo desde una infidelidad hasta la desafección.

Una manera de encaminar esa situación hacia un bienestar sexual común, consiste en que ambas personas involucradas en la relación puedan darse el tiempo de conversar sobre este tipo de problemáticas y buscar una solución.


Dentro de las posibilidades hoy en día, un médico urólogo puede determinar el inicio de la mejoría a través de un fármaco desarrollado específicamente para quiénes sufren EP y que se toma a demanda, es decir cuándo se va a tener un encuentro, estamos hablando de Dapoxetina.



Hay otras indicaciones de abordaje para tratar la EP que pueden representar mejoría eso si en un mayor lapsus de tiempo como ejercicios de Kegel, mantener una vida sana y activa, consumir ciertos alimentos y evitar el consumo de alcohol.

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